lunes, 24 de agosto de 2009

Crónica de una esperanza inmortal



Regresando de la playa de Acapulco sin haber tenido ningún minuto de sosiego, inmediatamente se sentó a escribir la oración que años más tarde cambiaría su vida: “muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Fue así como el novelista colombiano no dudó en dedicar dieciocho meses de su vida en la culminación de su futura obra maestra.
Endeudándose considerablemente en el transcurso de su creación, García Márquez nos conmueve, indicándonos cómo, a pesar de los momentos difíciles, un paciente entorno de confianza y esperanza nos llevan a situaciones que jamás podríamos imaginar. Nadie dudaba de aquel deslumbrante talento que buscaba desprenderse en pirámides de papel que, con el sudor de su frente, su esposa lograba conseguir. Sus amigos más cercanos no dejaban de visitarlo y de emocionarse con el adelanto de la obra aún sin concluir. Así, poco a poco el relato llegó, de boca en boca, a la Editorial Sudamericana, quien en seguida solicitó los derechos de autor.
Esta es la historia de la infinita esperanza que desembocó en una increíble realidad: la novela detrás de la novela.

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