
No importa qué tanto se destruya a sí mismo, el dominio sobre lo natural será siempre el progreso del hombre. Porque es él quien, respaldado de la ciencia, se autodenomina “dueño de la vida”. Queda en duda la veracidad de ello; pero al menos, ¿será verdad que la vida de otro también le pertenezca?
Considero que la despenalización del aborto no se debe dar en ningún caso ya que no se trata de defender el derecho a la libertad individual; sino, de legalizar el asesinato de inocentes criaturas. Incluso valer lo primero generaría contradicciones al no tomar en cuenta el derecho del feto de la misma manera.
En el caso de mujeres violadas, no es posible aceptar que un crimen justifique otro. Es decir, el hecho de que sean abusadas no debe justificar el abuso, o mejor dicho, el homicidio de un tercero inocente. Existe siempre la opción de entregar al bebé en adopción y dejarlo vivir tranquilamente. Matarlo no borrará el hecho de haber sido violada y además las huellas psicológicas permanecerán de igual forma. Es difícil, sí, pero es un problema que se debe encarar y en el que no se debe ser indiferente.
En cuanto a la malformación del feto, es irracional pensar que el otorgarle la vida lo hará infeliz. Nadie es perfecto y aún así uno siempre aprende a sobrevivir y a superar sus propias dificultades.
Por otro lado, debo sostener que la ciencia es incapaz de resolver este problema ya que es solo una herramienta, un medio para adquirir conocimiento que jamás podría determinar el origen de la vida. No es un fin en sí mismo y por ello, debe ir siempre respaldada de las humanidades, materia que muchos científicos ignoran y consideran innecesaria.
Por último, es importante una mayor intervención del Estado frente a esta opción pro vida ya que la Iglesia, como único defensor, es atacado constantemente por los medios haciendo que sus argumentos racionales se ignoren.
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