
Desde la ventana de mi habitación, la torre del hotel “Westing Libertador” llama inmediatamente mi atención. Erguida como centinela de guardia y esbelta como una modelo de pasarela, me anuncia por sí sola su pronta inauguración.
Afortunadamente, junto a ella, las casas contiguas de presencia opacada aun brindan el aire hogareño a San Isidro. Por sus techos, los gatos corretean de lado a lado como niños jugando en el parque, y mientras sigo su recorrido, observo cosas difíciles de imaginar.
Vigilo a la gente, de vivienda en vivienda, al paso de los hábiles felinos. Como un espía, lo puedo ver todo. Muchas veces gozo lo que visualizo; sin embargo, así también obtengo información secreta que desearía olvidar. Por suerte, mi panorama es muy amplio y fácilmente puedo abandonar los horrores de mi enmascarada vista.
Llega el momento donde el brillo del sol suele alumbrar un anuncio que dibuja una sonrisa en mi rostro. Es “Telefónica” que me inspira felicidad a través de su publicidad. Llama mi atención sutilmente para venderme sus productos. Día a día me siento más persuadido. Siento que aquella compañía es la única que me puede hacer feliz. Es La magia de la publicidad que se hace presente hasta en mi camuflada ventana.
No hay comentarios:
Publicar un comentario